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El placebo de la web 2.0

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En El poder de las redes David Ugarte anuncia el fin de la era de los grandes centros generadores de información y el advenimiento de una etapa más democrática y distribuída. Sin embargo, la agenda pública aún es marcada por los mismos de siempre.

Las nuevas formas de circulación de la información a través de internet, englobadas en lo que se ha dado a conocer como web 2.0, generaron una enorme cantidad de expectativas en muchos comunicadores y periodistas, que incluso se consideran “cibermilitantes”. A partir de la suposición de que estos nuevos soportes implican una inminente democratización de la producción y circulación de contenidos, sus entusiastas profetizan a través de estudios como El poder de las redes, de David Ugarte, el advenimiento de una suerte de “revolución”. Esto implicaría el paso a una “red distribuída” (donde no existen grandes centros sino diversos puntos vinculados entre sí en planos de igualdad) en lugar de la clásica y moderna “red descentralizada” (donde una cantidad limitada de centros imparten información hacia otros puntos dependientes e inferiores en capacidad de llegada). Aunque algo de esto es efectivamente palpable en la realidad informática, no es menos cierto que en lo estructural las comunicaciones aún funcionan a partir de fuertes centros de poder, sin indicadores claros que anuncien el fin de la era de los grandes pulpos de la información.

El mayor potencial de los medios de comunicación es su capacidad de incidir en la agenda pública sobre la que debate y reflexiona una sociedad. En este sentido, si bien es una verdad objetiva la existencia creciente de blogs periodísticos destinados a difundir información que en muchos casos es ocultada por los grandes medios, lo cual en situaciones específicas ayuda a corroer ciertos velos sobre la realidad (como quedó demostrado en el caso de la estampida en el Personal Fest en diciembre de 2007), sus posibilidades de repercutir en la agenda son de escasas a nulas. La sociedad aún discute, en términos generales, sobre lo que ponen al aire los grandes medios televisivos y la tapa de Clarín, para el caso argentino, empresas de información que actúan como “grandes centros” de una “red descentralizada”. Los esfuerzos de los bloggers que encarnan una lucha en este sentido no dejan de ser chispazos aislados con relativo poder de confrontación ante enemigos tan instalados y poderosos.

Sin quitar relevancia ni valor a los nuevos canales que permiten la producción de información al ciudadano común, la aparición de la Web 2.0 tiene todas las características de placebo: un tapón de contención del descontento social cada vez más agudo que generaba la concentración despiadada del poder de información. Aunque estas nuevas tecnologías pueden ser un grano de arena en dirección de la democratización de la información, el rol de los estados en la arena mediática se torna central, tanto en lo legislativo como en la producción de medios generalistas que dispongan de la infraestructura necesaria para encarar una disputa por la agenda pública.

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23 abril 2009 - Posted by | Uncategorized

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